con información de: Milenio
En México persiste una realidad que vulnera los derechos más fundamentales de niñas, niños y adolescentes: junto al trabajo infantil crece el abandono escolar y, con ello, la pérdida de oportunidades para millones. De acuerdo con la reciente Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2022 aproximadamente 3.7 millones de personas de entre 5 y 17 años se encontraban en situación de trabajo infantil, lo que representa un 13.1 % de ese grupo etario. De esa cifra, alrededor de 2.1 millones realizaban ocupaciones no permitidas, es decir, trabajos explícitamente prohibidos por la legislación o que implican riesgos elevados para su desarrollo.
La estadística revela también que el mayor porcentaje de menores trabajadores se concentra entre los 15 y 17 años (48.9 %). De igual forma, niños y niñas que trabajan tienen mayores probabilidades de no asistir a la escuela: para ese mismo grupo de 5 a 17 años, la tasa de inasistencia escolar era mucho mayor entre quienes realizaban trabajo infantil que entre quienes no lo hacían. Esta doble carga –trabajo más escuela– o la opción de elegir entre uno u otro– conlleva que muchos jóvenes abandonen sus estudios prematuramente para apoyar la economía familiar. Aunque no siempre hay un dato exacto que diga “casi la mitad” de los jóvenes entre 15 y 17 años abandonan la escuela por necesidad económica, diversos análisis señalan que uno de cada tres en esa franja de edad está fuera de la escuela.
La dimensión del problema no se limita a estadísticas frías: detrás están niñas y niños que deberían estar aprendiendo, jugando, creciendo seguros, pero que en cambio están cargando con responsabilidades de mantenimiento o apoyo en el hogar, o trabajando en condiciones peligrosas. Esto limita su desarrollo integral, obstaculiza sus trayectorias educativas y condiciona su futuro laboral y social.
Ante este panorama, la acción organizada se vuelve esencial. Un caso relevante es la labor de la Fundación BBVA México, que opera en el país con programas orientados a ofrecer becas, mentorías y formación digital para jóvenes en condición de vulnerabilidad. Esta fundación convoca, cada año, su programa “Becas BBVA para Chavos que Inspiran”, dirigido a estudiantes con vulnerabilidad económica que ingresan a la secundaria en escuelas públicas.
Más allá del apoyo económico —por ejemplo, un monto mensual durante la secundaria que acompaña al beneficiario hasta universidad—, el programa incorpora mentoría de colaboradores de la empresa matriz, cursos extracurriculares, educación financiera y acceso a plataformas digitales de capacitación. Estas acciones buscan romper el ciclo de trabajo infantil, abandono escolar y pobreza intergeneracional: cuando un joven recibe apoyo para estudiar, se amplía su horizonte de opciones y se reduce la carga inmediata de tener que poner sus manos al trabajo.
Sin embargo, los esfuerzos deben multiplicarse y articularse con políticas públicas más amplias, porque los factores que empujan a niñas y niños al trabajo o al abandono escolar son estructurales: pobreza, falta de redes de protección social, rezago educativo, localización geográfica (zonas rurales o poco urbanizadas presentan tasas de trabajo infantil más altas) y el rezago tecnológico que dificulta la educación a distancia o la digitalización de aprendizajes.
En definitiva, México enfrenta un reto considerable: garantizar que niños y adolescentes vivan su infancia y juventud como un espacio de aprendizaje, crecimiento y posibilidades, no como un periodo de sacrificio y renuncia. Implementar y escalar programas como los de la Fundación BBVA, junto con la implementación efectiva de leyes, inspecciones laborales, mejora de infraestructura educativa y protección social, pueden convertir los sueños en rutas reales, y no en pausas forzadas.







