redacción EL Coahuila.
Durante el primer semestre de 2025, la Condusef registró 2 millones 484 mil reclamaciones por presuntos fraudes bancarios, un incremento de 5.2% respecto al mismo periodo del año anterior. El organismo también reportó que el monto total reclamado superó los 10,714 millones de pesos, aunque solo 2,556 millones fueron devueltos a los usuarios.
En medio del aumento de prácticas fraudulentas, especialistas alertaron sobre un fenómeno que suele pasar desapercibido: el autofraude o first party fraud. Se trata de una modalidad en la que el defraudador actúa desde el interior de los sistemas financieros, aprovechándose deliberadamente de créditos, promociones, devoluciones o estructuras de pago para obtener beneficios indebidos. Su operación es planificada, premeditada y cada vez más sofisticada.
Entre las conductas más comunes se encuentran solicitar créditos sin intención de pagarlos, inflar ingresos para obtener montos mayores, simular quiebras para evitar deudas o abusar de promociones y devoluciones. Estos patrones suelen pasar inadvertidos porque los sistemas tradicionales los clasifican únicamente como “malos pagadores”, sin detectar la intencionalidad detrás del comportamiento.
Expertos señalan que el autofraude es difícil de identificar debido a la falta de integración entre las áreas de riesgo, fraude y cobranza, lo que impide tener una visión unificada del cliente. Esto provoca que las señales tempranas se pierdan y que el impago deliberado se detecte cuando ya es demasiado tarde.
La Condusef advirtió que la actividad fraudulenta en los servicios financieros aumentó 21% entre 2024 y 2025 y que los fraudes cibernéticos representan una proporción creciente del total, al pasar del 59% en 2018 al 71% en 2023. Este fenómeno también afecta de manera significativa a las pymes que otorgan crédito o realizan ventas en línea, ya que la falta de herramientas avanzadas de análisis las vuelve especialmente vulnerables.
Sin embargo, especialistas como Provenir aseguran que es posible enfrentar el autofraude mediante modelos avanzados de detección y estrategias basadas en datos. Esto no solo reduce riesgos, sino que puede impulsar hasta 40% el crecimiento de negocios al permitir una mayor aprobación segura de clientes y eficiencia operativa.
Reconocer la naturaleza premeditada del autofraude —y no tratarlo simplemente como deuda incobrable— es clave para que instituciones financieras y pymes operen en un mercado más seguro y sostenible, señalaron analistas.







