México en proceso de desindustrialización

Redacción EI Coahuila

Las alarmas en el sector económico nacional han pasado de un tono preventivo a uno de emergencia. Tras años de ser considerado el “motor manufacturero” de la región, México enfrenta hoy un fenómeno de vaciamiento industrial que amenaza con alterar permanentemente su estructura macroeconómica.

El declive de las chimeneas
A diferencia de crisis anteriores que se limitaban a una caída en el consumo, el escenario actual muestra una reducción sistemática de la capacidad instalada. La inversión en equipo y maquinaria ha registrado su nivel más bajo en años, mientras que diversas plantas de producción, especialmente en los ramos automotriz y textil, han comenzado a migrar sus operaciones o a reducir turnos de manera definitiva.


Este proceso, conocido como desindustrialización, implica que la industria pierde peso relativo en el Producto Interno Bruto (PIB) frente a sectores de menor valor agregado, como el comercio informal o los servicios básicos.

Los factores del estancamiento
Analistas coinciden en que no hay un solo culpable, sino una “tormenta perfecta” de factores que han asfixiado la competitividad mexicana:

-Costos Energéticos: El encarecimiento de la electricidad y las fallas en el suministro de gas natural han restado atractivo a los parques industriales del centro y norte del país.

-Incertidumbre Jurídica: Los cambios en las reglas del juego para la inversión extranjera han frenado proyectos que ya estaban en fase de implementación.

-Avance Tecnológico Externo: Mientras otros países aceleran hacia la automatización y la industria 4.0, México se ha quedado rezagado en la capacitación de mano de obra técnica y digital.

Un impacto social profundo
El cierre de naves industriales no solo afecta los indicadores financieros; el impacto humano es la pérdida de empleos formales de calidad. La industria manufacturera ha sido históricamente el puente hacia la clase media para miles de familias. Al debilitarse este sector, la fuerza laboral se ve empujada hacia la informalidad, donde los salarios son más bajos y no existen prestaciones de ley.

De no corregirse el rumbo con incentivos fiscales y certidumbre para la inversión, México corre el riesgo de convertirse en una economía puramente extractiva y de servicios, perdiendo la soberanía tecnológica que tanto le costó construir en las últimas tres décadas.

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