Familias buscadoras de sus desaparecidos: con el dolor en las manos y las puertas de Palacio Nacional cerradas

Madres y padres buscadores llevaron a Palacio Nacional el récord mundial de desaparecidos en México. Nadie los atendió.

Mientras el gobierno de Claudia Sheinbaum presumía hace unos días un Récord Guinness por la clase de futbol más grande del mundo, otro récord -este sí vergonzoso- acumula polvo en los pasillos de Palacio Nacional: México tiene más de 130 mil personas desaparecidas, una cifra que creció más del 200 por ciento en la última década y que la propia presidenta se ha negado a reconocer con datos oficiales actualizados.


El lunes, Gustavo Hernández y Patricia de la Cruz llegaron a las puertas de Palacio cargando una réplica del diploma Guinness, no para celebrar, sino para interpelar. Hernández busca a su hijo Abraham Zeidy, desaparecido el 14 de mayo de 2024 en Nuevo León. Hace un año le pidió a la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, que le ayudara a encontrar aunque fuera un hueso de su hijo. No obtuvo respuesta. Esta vez fue directo a la presidenta. Tampoco lo recibieron.


“Si con el récord mundial de nuestro dolor no nos abren la puerta, ¿entonces con qué sí?”, preguntó Hernández en un comunicado, luego de que ningún funcionario saliera a recibirlos.


De la Cruz, quien lleva cuatro años buscando a su hijo Fernando -desaparecido el 22 de junio de 2022-, llegó con la misma esperanza y se fue con las manos vacías. “Sólo quiero saber si con esto sí me reciben a mí y a las miles de madres y padres buscadores que cargamos el mismo dolor”, dijo.


La escena resume con brutal claridad la relación del gobierno de la Cuarta Transformación con la crisis de desapariciones: discursos de empatía desde el podio, puertas cerradas cuando el dolor toca en persona. Sheinbaum ha cuestionado públicamente las cifras de desaparecidos y prometió publicar un reporte actualizado. Ese documento, hasta hoy, no existe.


México ostenta así dos récords mundiales: el de la clase de futbol más multitudinaria y el de uno de los registros de personas desaparecidas más altos del planeta. El primero mereció celebración oficial. El segundo, ni siquiera una audiencia.

Redacción

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