Redacción
El presidente Donald Trump escaló esta semana su presión contra México al declarar que si el gobierno mexicano no actúa contra los cárteles, Estados Unidos lo hará por la vía terrestre. La Casa Blanca presentó una nueva estrategia antiterrorista que fija como prioridad eliminar a los cárteles en el hemisferio occidental, luego de que según Trump las operaciones marítimas redujeron en 97% el flujo de drogas por mar.
El mandatario fue directo: “Escucharán algunas quejas de algunas personas en México y otros lugares, pero si ellos no van a hacer el trabajo, lo haremos nosotros”. Trump también afirmó que su gobierno conoce las rutas, los hogares y toda la estructura operativa de los cárteles, y que los ataques terrestres serán “mucho más fáciles” que los marítimos. Agregó que los cárteles están “dirigiendo México” y que es “muy triste” ver lo que le ha pasado al país. Sobre la presidenta Sheinbaum dijo que es una mujer encantadora, pero que tiene “tanto miedo de los cárteles que ni siquiera puede pensar con claridad”.
La presidenta mexicana ha rechazado cualquier presencia de tropas extranjeras en territorio nacional y ha reiterado que México es un país soberano, pero la relación bilateral atraviesa uno de sus momentos más tensos.
El caso Rocha Moya: narcopolítica en casa
La advertencia de Trump llega justo cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos acusó formalmente el 29 de abril al gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, por narcotráfico y vínculos con el Cártel de Sinaloa. Según la acusación, Rocha Moya entregó posiciones clave de su gobierno al cartel a cambio de sobornos y protección política, permitiendo que Los Chapitos operaran con impunidad en el estado. El resultado fueron más de tres mil homicidios, casi cuatro mil desaparecidos y 92% de los delitos sin resolver durante los últimos dos años. Tanto el gobierno de López Obrador como el de Sheinbaum lo respaldaron hasta que Washington lo expuso públicamente.
Soberanía como escudo
Ante las acusaciones del Departamento de Justicia, el gobierno de Sheinbaum respondió con el mismo argumento que ha usado frente a cada señalamiento de Washington: la soberanía nacional.
La presidenta afirmó que Estados Unidos no ha presentado pruebas consistentes contra Rocha Moya ni contra los nueve funcionarios señalados, y que México resolverá sus asuntos de manera interna. “En México no gobiernan los cárteles, gobierna el pueblo”, declaró en su momento. Sheinbaum también ha insistido en que la relación con EU es de coordinación y colaboración, pero sin subordinación. Lo que no explicó es por qué su gobierno sostuvo a Rocha Moya durante dos años de guerra sangrienta en Sinaloa, ni por qué tuvo que ser Washington quien hiciera lo que la FGR no hizo. La soberanía, usada así, no es un principio. Es una coartada.







