Mucha fiesta, pocos dólares: Mundial en México dejará menos ganancias y visitantes

Gobierno prometió 5.5 millones de turistas y 3,000 mdd de derrama. La realidad: 674 mil visitantes y 1,030 millones de dólares según Moody’s, un tercio de lo prometido y 88% menos turistas.

El gobierno federal vendió el Mundial 2026 como la joya económica de la administración Sheinbaum. La Secretaría de Turismo construyó el relato con ambición y sin pudor: 5.5 millones de turistas inundando las sedes, una derrama de hasta 3,000 millones de dólares y un verano que quedaría en los libros de historia económica del país. En las mañaneras, las cifras se repetían como mantra. México estaba de moda, decía la presidenta. El mundo volteaba a vernos.

El problema es que la realidad llegó antes que los visitantes
Moody’s Local México publicó su análisis con un título que no necesita traducción: “Mucha ola, pocos goles”. La calificadora estimó apenas 674 mil visitantes en total para las tres sedes —Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey—, lo que representa un 88% menos de lo proyectado por el gobierno. En materia económica, la distancia es igual de brutal: mientras la Secretaría de Turismo hablaba de 3,000 millones de dólares, Moody’s calculó una derrama de apenas 1,030 millones. Un tercio. Ni siquiera la mitad.

La brecha entre ambas versiones no es un matiz técnico ni una diferencia metodológica menor. Es un abismo que habla de un gobierno que prometió lo que no podía cumplir.

Los factores que la Sectur omitió convenientemente en sus presentaciones son precisamente los que Moody’s sí puso sobre la mesa. México alberga apenas 13 de los 104 partidos del torneo, es decir, el 12.5% del total. Los boletos cuestan tres veces más que en Qatar 2022, lo que restringe la asistencia a quienes tienen capacidad económica real para viajar. A eso se suma la distancia entre sedes y, quizás el factor más determinante que nadie en el gabinete quiso mencionar: la política migratoria restrictiva de Estados Unidos, que complica el tránsito de aficionados latinoamericanos que tendrían que cruzar territorio norteamericano para llegar a los partidos en México.

El INEGI llegó a rematar el panorama con sus propios números. Entre enero y abril de 2026 ingresaron al país 16.4 millones de turistas internacionales, un récord histórico en términos de volumen. Pero la derrama económica generada por esos mismos viajeros cayó 1.2% respecto al año anterior, una reducción cercana a 150 millones de dólares. El diagnóstico es claro y preocupante: más turistas, menos gasto. El relato del boom no cuadra con las cifras del propio aparato estadístico del Estado mexicano.

Para los gobiernos locales de las ciudades sede, la historia tampoco es la prometida. Los ingresos adicionales por hospedaje y consumo serán reales pero temporales, y en muchos casos podrían verse neutralizados por los mayores gastos en seguridad, logística y operación que exige un evento de esta magnitud. Moody’s fue contundente: no habrá transformación significativa en las finanzas de Ciudad de México, Nuevo León o Zapopan.
El impacto macroeconómico, en términos duros, es marginal. Banxico ya incorporó el efecto mundialista en su proyección de crecimiento del PIB de 1.1% para 2026. Eso significa que el Mundial ya está descontado en las cifras oficiales y no representa ningún impulso adicional sobre lo que ya se esperaba. El Banco Central, en pocas palabras, no le apostó al Mundial para mover la economía nacional.

El gobierno celebró el partido inaugural como una fiesta de Estado. Sheinbaum habló de imagen, de alegría, de México ante el mundo. Todo eso puede ser verdad. Pero entre el espectáculo y el balance económico existe una distancia que ninguna mañanera ha explicado con honestidad: prometieron un Mundial que transformaría las finanzas del país y lo que llegó, según la calificadora más rigurosa que analizó el tema, es un evento turístico de alcance mediano, concentrado en tres ciudades, con beneficios fugaces y sin capacidad real de mover la aguja del PIB nacional.

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