La posibilidad de que una persona tenga uno o incluso varios dobles físicos en distintas partes del planeta es más alta de lo que comúnmente se cree, según investigaciones recientes sobre genética humana que analizan la relación entre apariencia, comportamiento e identidad.
El genetista español Carles Lalueza-Fox sostiene que las coincidencias físicas entre individuos sin parentesco pueden explicarse por combinaciones genéticas compartidas que influyen en la forma del rostro y otros rasgos biológicos. De acuerdo con sus investigaciones, prácticamente cualquier persona podría tener uno o más parecidos en algún lugar del mundo.
El especialista aborda estos temas en su libro Identidad, donde explora cómo la genética permite conocer aspectos de los orígenes de una persona, al tiempo que cuestiona conceptos tradicionales relacionados con la herencia, la raza y la construcción de la identidad.
Parte de sus estudios se ha centrado en los llamados doppelgängers, término utilizado para describir a personas sin relación familiar que presentan un notable parecido físico. Los análisis identificaron similitudes en diversos grupos de genes asociados con la estructura facial, pero también hallaron coincidencias en factores vinculados con hábitos y comportamientos.
Según los resultados observados, algunas personas físicamente parecidas compartían patrones relacionados con la alimentación, ciertas conductas y estilos de vida, aun cuando no existía ninguna conexión familiar conocida entre ellas.
Lalueza-Fox explica que la gran diversidad de rostros humanos podría ser consecuencia de un proceso evolutivo que favoreció la identificación individual dentro de grupos sociales cada vez más complejos. Esta característica distingue a los seres humanos de muchas otras especies, donde las diferencias físicas suelen ser menos marcadas.
El investigador también advierte que la identidad no puede entenderse únicamente a través de la genética. Diversas personas que se han sometido a pruebas de ADN han descubierto ascendencias distintas a las que creían tener, situación que en algunos casos modifica la percepción que tenían sobre sus propios orígenes.
Estos hallazgos han llevado a replantear la relación entre genética, cultura y pertenencia, al demostrar que las identidades nacionales, étnicas o culturales son fenómenos mucho más complejos que una simple herencia biológica.
Otro aspecto relevante señalado por el especialista es el crecimiento de las bases de datos genéticas. Actualmente, la información contenida en estas plataformas puede facilitar la identificación de individuos mediante familiares lejanos registrados en sistemas de análisis genómico, lo que abre un debate sobre privacidad y protección de datos personales.
Las investigaciones también han demostrado que ni siquiera los gemelos idénticos son copias perfectas. Pequeñas mutaciones que aparecen después de la separación embrionaria generan diferencias genéticas que hacen imposible la existencia de dos seres humanos absolutamente iguales.
De cara al futuro, el científico considera probable que las tecnologías de edición genética permitan modificar determinadas características físicas o biológicas con mayor frecuencia, conforme avance el conocimiento sobre el ADN y evolucionen las normas sociales relacionadas con estas prácticas.
Para Lalueza-Fox, la identidad humana es el resultado de múltiples factores. Aunque la genética ofrece información valiosa sobre los orígenes biológicos, las experiencias, decisiones y relaciones construidas a lo largo de la vida desempeñan un papel igualmente importante en la formación de cada individuo.
Con información de: El País







